| Seguridad Industrial |
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La Seguridad Industrial es una realidad compleja, que
abarca desde problemática estrictamente técnica hasta diversos tipos de efectos
humanos y sociales. A la vez, debe ser una disciplina de estudio en la que se
han de formar los especialistas apropiados, aunque su naturaleza no corresponde
a las asignaturas académicas clásicas, sino a un tipo de disciplina de corte
profesional, aplicado y con interrelaciones legales muy significativas.
La propia complejidad de la Seguridad Industrial aconseja
su clasificación o estructuración sistemática. En eso, no se hace sino seguir
la pauta común del conocimiento humano, que tiende a subdividir las áreas del
saber con objeto de hacerlas más asequibles, no sólo a su estudio, sino también
a su aplicación profesional.
Aún cuando se recomienda el estudio por áreas o divisiones,
no cabe olvidar el carácter unitario de la Seguridad Industrial. Cuando una
ciencia se parcela en exceso, puede perderse una gran parte de la perspectiva.
Suele decirse que los árboles no dejan ver el bosque. En este sentido, hay que
subrayar que en los estudios de la Seguridad hay que conservar este carácter
unitario de sus principios, tendente a impedir que las explotaciones
industriales produzcan efectos inaceptables en las personas, los bienes o el
medio ambiente.
La seguridad, como tantos otros conceptos genéricos, tiene
una acepción amplia y no exenta de subjetividad. Seguro e inseguro son
adjetivos que aplicamos con relativa ligereza a situaciones de la vida, sin que
necesariamente nuestra apreciación responda a un análisis riguroso de aquello
que juzgamos. De hecho, tal análisis es a menudo imposible de efectuar porque
en él concurren circunstancias no gobernadas por leyes físicas, sino por la
decisión de personas. Esa es en general una importante causa de subjetividad e
incertidumbre. La otra lo es la propia naturaleza, a través de sus agentes
meteorológicos, sismotectónicos y demás. Es obvio que el factor humano y el
elemento natural van a estar siempre presentes en todas las actividades,
incluidas las industriales, pero en éstas cabe reducir la incertidumbre
propiamente industrial hasta límites muy bajos, acordes con los principios de
protección que deben inspirar la Seguridad Industrial como técnica.
En la evolución histórica del desarrollo industrial suelen
distinguirse tres fases que pueden caracterizarse por los conceptos
primordiales o más significativos de cada una de ellas.
La primera fase, propia de los albores de la revolución
industrial, estuvo fuertemente marcada por el concepto de productividad, al
cual se relegaban otros objetivos, pues resultaba primordial asegurar que los
nuevos procesos de producción tuvieran capacidad suficiente para rentabilizar
las inversiones requeridas. Es una fase que se dio sobre todo en los países de
más temprana industrialización, pero que también se aprecia en los países de
incorporación más tardía a la revolución industrial, en los cuales se hubo de
hacer un primer esfuerzo para asimilar tecnología y hacerla productiva, por encima
de otras consideraciones.
En una segunda etapa, el concepto de seguridad adquiere la
mayor relevancia, en su doble vertiente de seguridad interna en la fabricación
o en los procesos industriales, y seguridad externa en el uso de los productos
o los servicios industriales. Tan pronto se dominaron las técnicas
fundamentales de la industrialización en los diversos países, y según su
historia particular de desarrollo, se produjo cierto realineamiento de
objetivos, en los cuales la seguridad aparece como característica a cumplir
necesariamente, aunque no de manera maximalista. Bien es cierto que en esta
segunda fase el concepto de
productividad siguió siendo imprescindible, y de hecho las fases de la
industrialización se suceden precisamente porque se van asumiendo y madurando
los objetivos de las etapas previas. El concepto de seguridad aparece ligado a
lo que podríamos denominar requisitos imprescindibles, que dependen del estado
del arte.
Aunque la industria haya de seguir satisfaciendo los
criterios de rentabilidad económica para los cuales es necesaria la
productividad, su optimización no puede en ningún caso contrariar los
requisitos esenciales de seguridad.
En la tercera fase, que podríamos considerar se inicia en
el mundo industrializado después de la Segunda Guerra Mundial, cobra
importancia decisiva el concepto de calidad, puesto que no basta con asegurar
unos mínimos requisitos de seguridad, ni tampoco es suficiente maximizar la
productividad a corto plazo o tácticamente, sino que hay que considerar la
calidad como valor intrínseco y de carácter estratégico, tanto en relación con
los procesos como por la calidad de los productos.
Técnicas tales como la Garantía de Calidad, el Total
Quality Management o el Aseguramiento de la Calidad, no son sino subfases
evolutivas en el tratamiento de la calidad en el entorno industrial. La calidad
va también asociada a la complejidad de ciertas industrias emergentes, que a
partir de la Segunda Guerra Mundial cobran aún mayor importancia, como es el
caso de la Aeronáutica, o bien aparecen a partir de ese momento, como es el
caso de la Industria Nuclear.
Aun cuando estas tres fases sean clásicas en los estudios
sobre historia industrial, hay que reconocer que la preocupación por la
seguridad, e incluso por lo que podríamos denominar seguridad industrial, es
prácticamente tan antigua como la historia de la humanidad. Suele recurrirse al
ejemplo del Código de Hamurabi para señalar esta preocupación, en ese caso
concreto acerca de las edificaciones, pues este código exige que las
edificaciones sean hechas con seguridad, e incluso prevé sanciones muy fuertes,
típicas de la ley del Talión, contra los constructores cuyas edificaciones no
se mantuvieran en pie y provocaran accidentes o muertes. No obstante esta
referencia protohistórica, debemos decir que el concepto de seguridad
industrial, tal como se entiende hoy día, aparece en la segunda fase de la
revolución industrial, si bien cabe encontrar precedentes singulares de
preocupaciones en el tema de la seguridad, como es el caso de algunas
disposiciones de seguridad laboral en la minería en los tiempos de Felipe II.
Ahora bien, ni los conocimientos científicos de ese momento, ni mucho menos su
proyección tecnológica, permiten considerar este interesante precedente y otros
similares de manera que podamos estudiarlos como ejemplos de seguridad
industrial propiamente dicha. Sólo los usuarios registrados pueden escribir comentarios.
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